domingo, 15 de febrero de 2015

1º QUINCENA DE FEBRERO: RETRATO DE UNA DAMA DE HENRY JAMES

Volví a Henry James con una novela que me paseó por muchos lugares de Europa, principalmente Londres, Florencia y Roma, y me permitió seguir la vida de la protagonista, en una sociedad con escasos lugares para una mujer independiente. ¡Cuánto hemos logrado!
La novela da pie para analizar muchas y muy diversas cuestiones: la férrea tradición europea, el patriotismo norteamericano, la situación de la mujer, el matrimonio como una institución social con muchas más finalidades que dar marco legal a una convivencia, la mujer y el dinero, la amistad, la renuncia altruista...
Me voy a centrar en dos cuestiones que más que nada me llamaron la atención (no son ni más ni menos importantes que otras, mi elección es puramente caprichosa): la relación de las personas con las cosas y la felicidad.
Con respecto al primer punto me encontré con un diálogo entre la protagonista Isabel y madame Merle, un personaje por momentos nefasto que en realidad es muy digno de lástima, donde creo entrever, quizá con mi gran imaginación, una luz sobre lo que en la actualidad es el consumismo.

- …no existe el hombre ni la mujer totalmente aislados, y cada uno de nosotros está constituido por un puñado de pertenencias. ¿Qué constituye nuestro propio yo? ¿Dónde empieza y dónde acaba? Parece desbordarse en todo lo que nos pertenece y luego volver a retraerse. Yo sé que gran parte de mi misma está en los vestidos que me gusta ponerme. Siento un gran respeto por las cosas. Para los demás, el propio yo es cuanto una expresa: la propia casa, el mobiliario, la decoración, los libros que lee y los amigos que tiene… todo eso expresa la personalidad de una.
- No estoy de acuerdo con usted –dijo-, pienso precisamente todo lo contrario. No sé si lograré  expresarme bien a mí misma, sino que todo constituye una limitación, una barrera, muchas veces completamente arbitraria. Es indudable que los vestidos que me gusta ponerme, como usted dice, ni me expresan ni quiera Dios que puedan llegar a expresarme.
- Pues usted sabe vestirse muy bien –interpuso a la ligera madame Merle.
- Es posible. Pero me resisto a que me juzgue por eso. Mis vestidos pueden, a lo sumo, expresar a la modista o al sastre, pero de ninguna manera a mí. Por lo pronto, no soy yo quien los elige, sino la sociedad que impone que los lleve.

En relación al segundo punto, encontré una frase del antagonista de la historia, personaje que hace muy infeliz a Isabel, que me recordó lo que leí en los libros de autoayuda:

     Si uno no es feliz, la culpa es suya.

Una forma muy simple de lavarse las manos por el mal que podemos hacer a los demás.
-  


                                         


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